Taiwán, un gran ejemplo en la lucha contra la COVID-19

A 14 de marzo de 2021, podemos decir que Taiwán ha solventado con gran éxito la pandemia, registrando únicamente 985 contagios y 10 muertes. Además, acumuló entre abril y noviembre de 2020 más de 200 días seguidos sin ningún caso de transmisión local. Sin duda unos datos sorprendentes que no dejan indiferente al resto del mundo.

¿Cómo lo ha conseguido?

Repasamos las claves del milagro taiwanés.

Rápida respuesta

Con 1 millón de taiwaneses trabajando en China y una alta densidad de población concentrada en la mitad oeste de la isla, Taiwán tenía serios motivos para estar preocupado a finales de diciembre de 2019. China acababa de comunicar a la OMS varios casos de neumonía de origen desconocido en Wuhan.

A raíz de ello, la respuesta fue rápida, independiente (no sigue las directrices de la OMS al no ser Estado Miembro) y contundente. Se hizo un exhaustivo control de los pasajeros que procedían tanto de aquella zona de Wuhan como de aquellos que habían estado en las 2 semanas anteriores y presentaban algún tipo de síntoma. A todo ello, hay que añadir que fue de los primeros territorios  en cerrar fronteras.

Experiencia previa

Esta reacción veloz fue posible gracias a la experiencia en la lucha contra el SARS (síndrome respiratorio agudo severo), otro de los coronavirus que dejó 73 muertes de un total de 346 casos entre 2002 y 2004, siendo el tercer territorio más afectado después de China y Hong Kong. Durante este período se creó el Centro Nacional de Comando de Salud, que desde el inicio del pasado año ha hecho un importante seguimiento de pacientes y facilitado un gran volumen de datos a los centro médicos.

© coleccionistasdeislas
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Cierre de fronteras

Taiwán cerró sus fronteras el 21 de enero de 2020 tras reportar su primer caso, solo permitiendo desde entonces la entrada de residentes, diplomáticos, oficiales y aquellas otras personas con permisos muy concretos. Gracias a este cierre inmediato, al no tener un elevado número de contagios, no necesitó implantar restricciones severas que limitasen la libertad de movimientos. Algo que sí sucedió primero en China y más tarde en la gran mayoría de países.

Cuarentenas que evitan confinamientos

Las autoridades taiwanesas tuvieron claro desde el comienzo que el cierre de fronteras no era suficiente para evitar el virus. Por ello decidieron anticiparse para atajar los posibles casos y evitar nuevos contagios.

Una de las medidas más eficaces hasta la fecha ha sido la de establecer estrictas cuarentenas.  Hasta la fecha han sido grandes ´cortafuegos´ que han afectado tanto a las personas que han estado mucho tiempo expuestas en un lugar concreto, como a aquellas que lo han hecho de forma ocasional o que han tenido contacto con alguna de ellas. De esta forma, si ha aparecido un pequeño brote, las cuarentenas se han impuesto a un elevado número de personas. Un claro ejemplo de ello fue el brote del hospital de Taoyuan, que puso en aislamiento a más de 5000 personas.

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Tecnología y colaboración ciudadana

Para que funcionen correctamente las cuarentenas, Taiwán necesita apoyarse en el uso de la tecnología y la colaboración ciudadana.

Taiwán estaba preparado para la aparición de un nuevo coronavirus, tanto que, al igual que sucede en otros países asiáticos, está siendo capaz de monitorear a miles de personas en tiempo real.

No es de extrañar por ello los testimonios de ciudadanos locales, afirmando que la policía se ha presentado en su domicilio para verificar que se encontraban allí, por el simple hecho de tener apagado el teléfono móvil mientras se cargaba.

Todo el que se dispongo a salir de casa con el teléfono móvil, éste enviará una alerta automáticamente y ¡ojo! porque la multa puede llegar a ser de hasta un millón de dólares taiwaneses (aproximadamente 30 000 euros).

¿Qué pasa si alguien deja el teléfono móvil en casa y sale a la calle?

En este hipotético caso, los concienciados taiwaneses serán los primeros en avisar a la policía.

Mascarillas para toda la población

Mientras se debatía en la mayoría de países el uso o no de la mascarilla, en esta isla, muy acostumbrada al uso de mascarillas, se estableció la obligación de llevarla en transportes y lugares públicos.

Para garantizar su disponibilidad, se prohibió su exportación y se amplió tanto su producción como distribución entre la población local. Tal ha sido la cantidad generada que Taiwán ha donado más de 50 millones de mascarillas a países de todo el mundo.

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Una vez más el aprendizaje de experiencias previas y el factor insular han sido clave para salvar vidas.

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